1. A través de la vivencia Eucarística como celebración y como presencia permanente, en la adoración perpetua.

     
  2. En la evangelización: misión “Ad gentes”. Educación de infancia y juventud y obras complementarias; parroquias, trabajo social etc.

     
  3. En la vivencia Mariana, bajo el misterio de la Inmaculada Concepción.

     

Nuestra manera de vivir, de orar y de trabajar quiere ajustarse a las necesidades del apostolado, a las exigencias de la cultura, a la realidad socioeconómica y a las necesidades de nuestros hermanos. Esto nos obliga a una perpetua flexibilidad y desprendimiento para trabajar y vivir adaptándonos con gran espíritu religioso y congregacional a las circunstancias de cada lugar.