Mi sentimiento de adoración nocturna

   Una mañana temprano pasaba por la calle Calatrava, vi una iglesia abierta y, sin ninguna intención predeterminada, algo me empujó a entrar sin apenas darme cuenta. Al fondo, vi sobre el altar el Santísimo expuesto y, en los bancos, unas pocas personas sumidas en profundo recogimiento. Entonces, yo hice lo propio de una visita rápida y pensé: «Es la Virgen la que me ha traído aquí y me muestra un nuevo camino de ESPERANZA, VERDAD Y VIDA.«
    Desde aquel día acudo puntualmente a la cita con Cristo y me pregunto: «¿Quién me trajo hasta aquí? ¿Por qué me has llamado, pues no soy digno?«.
   Él me habla a mi conciencia, desde entonces veo que Dios Misericordioso desea profundamente que mi alma se prepare para lo que El sólo sabe. Y esto es una experiencia vivida en una noche más de las tantas que me encuentro frente a la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. Despojarte de tus miedos, temores y anhelos, desnudarte ante el Señor, solos tú y Él en el silencio y recogimiento cara a cara, es sobrecogedor. Es ver cómo nos habla con amor y ternura; como nos orienta y nos dice lo que espera de cada uno de nosotros, quien a través de esos silencios y contemplaciones nos vigila atento y nos pide: «Ven a mí. Quiero que me cuentes porque soy tu padre y te amo como jamás puedas imaginar. El que viene a Mí, nunca tendrá hambre, el que cree en mi nunca tendrá sed”.
    En no pocas ocasiones, por mi condición de pecador traicionando su amor, he permitido abrir una puerta al maligno y he sentido ganas de todo menos de orar; y gracias a su infinita misericordia siento permanentemente su llamada de consuelo y perdón ante mis caídas continuas.
   Esto y mucho más, mis queridos hermanos de la adoración en Cristo, es la experiencia más bonita jamás vivida y que todos experimentanos frente al Señor, clavando nuestras rodillas ante El con gesto de humildad ante la grandeza Divina de quien siempre espera y piensa en nosotros para demostramos su amor, a pesar de nuestra aridez y momentos de desolación. El nos ofrece el regalo más precioso y valioso.
    ¡Que más os puedo contar! !Nada es por causualidad!. Todo es grande y sublime en el Señor. Nunca permitas que te dejemos solo en las largas noches de oración. Haznos fuertes sin desfallecer para amarte con profunda reverencia. Perdona nuestras faltas y ayúdanos siempre a aceptar tu voluntad divina.

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