El Señor recogió mi angustia.

Era el 11 de septiembre de 2015, cuando mi hija Miriam, después de una larga y penosa enfermedad, que asumió y vivió con una paz y aceptación de la voluntad de Dios en ella, admirable, fue llamada a la Casa del Padre.
Cuando íbamos a celebrar el funeral en la capilla de los P.P. Capuchinos, me sentía con un inmenso dolor y angustia que me parecía no podría soportar, pues ya había perdido otros dos hijos mayores de accidente, y sólo Dios sabía el dolor que llevaba en mi corazón. Allí me encontré con un amigo cardiólogo y se lo comenté, buscó una pastilla para prevenir y aliviar la angustia que sentía, no fue posible, nadie del entorno tenía la pastilla.
Entonces, con mucha decisión me dije: Voy al Santísimo. Allí, de rodillas le entregue al Señor todo lo que tenía. Cuando salí, después de 15 minutos, era otra persona, mi angustia se había transformado en paz y gozo espiritual, no sabía que me había pasado, pero era otra persona, el Señor había recogido mi angustia y dolor que no soportaba y lo había transformado en un gozo inmenso.
Sentí a mi hija viva y feliz y esto me dio fuerza para vivir esos momentos tan duros con inmenso gozo, no era yo, Dios estaba junto con mi hija a mi lado, los sentía presentes.
Pertenezco a la cadena de adoradores del Centro Eucarístico desde el comienzo y para mí, mis horas de adoración son mi recreo y descanso espiritual.
Con inmenso agradecimiento al Señor.
Edilma Tobar Aristizabal

Palma de Mallorca

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